Buenos días familia

Good News, Bad News

good news bad news

Jueves. 9 de la mañana.  Primera clase del día de inglés con el grupo de 5 años. Hoy aprendemos sobre los medios de comunicación. Se les ve interesados, ¿cómo no? Siempre desprenden esa positividad y alegría por saber. Resulta imposible no intentar satisfacer mínimamente esa curiosidad tan auténtica.

A mis preguntas ellos responden cómo si de una carrera de obstáculos se tratara, hablando al mismo tiempo, sin dejar terminar las frases de los compañeros, chillando para que se les oiga a ellos por encima de los otros…una muestra más de esa vitalidad y del poco autocontrol que les caracteriza cuando se emocionan por algo. ¿Quién ha visto noticias en la televisión estos días? Manos alzadas. ¡Una ola gigante! ¡Un barco se hundió! ¡Un tren ha chocado! ¡Los niños del África no tienen comida! ¡Un avión cayó al mar! (sí, es increíble lo bien informados que están los niños últimamente). En medio de la emoción por hablar y ser los protagonistas de explicar sus noticias, surge la emoción en mayúsculas de uno de los niños: “Ya no quiero ver más noticias bad, hay noticias good?”. Su cuerpo lo dice todo. Girado en dirección opuesta a la pantalla digital, sin ganas de ver más y con el rostro triste. Se hace el silencio, ese que tanto me gusta, en el que los demás, por pequeños que sean, han percibido que algo pasa. Sensibilidad extrema que llegaría a emocionar a cualquiera. Acto seguido contesto: “¡of course! ¿Sabéis que han descubierto un nuevo planeta que se parece a la Tierra? “Caras de asombro. Todos mirando la pantalla con admiración. La expresión de sus caras cambia, ese momento doloroso se ha ido, pero no quiero dejar pasar esa oportunidad y hacer que surja un momento educativo. Aunque son pequeños, se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor.

No podemos hacer ver que no entienden lo que sucede o no le van a dar importancia. Enseñar que en el mundo pasan cosas tristes, delicadas y no siempre buenas es educarles en la empatía, en el saber valorar lo que tienen y en el fomentar el altruismo y la solidaridad. Seguramente a todos se nos puede generar ese dilema moral que podríamos resumir en “ojos que no ven, corazón que no sienten”, o como muchos diríamos, ya lo aprenderán cuando sean mayores. El problema es que ellos sí que lo ven, y lo sienten, así que no se lo escondamos.

Hagamos de cada momento un espacio educativo.

Esther

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