Cuídate con mucho gusto

Consejos para el verano

Muchos de nosotros llevamos todo el invierno cuidándonos para lucir atractivos y saludables en nuestras vacaciones. Hemos seguido con cierta diligencia las recomendaciones nutricionales y de ejercicio físico que nos hacían los expertos. Y ahora una vez alcanzado nuestro objetivo, no debemos bajar la guarda. Cuando llegan los tan ansiados días de relax y descanso, por un puro efecto de rebote podemos relajarnos en exceso en esos hábitos tan saludables que hemos adquirido durante todo el año.

El otro día, dando una vuelta por el paseo marítimo de una playa cualquiera, fui consciente de la gran presión que hay por consumir alimentos poco saludables, muy ricos en calorias, llenos de azúcar, grasas saturadas, harinas refinadas, fritos y muy pobres en nutrientes. Está claro que darnos un capricho de vez en cuando no es un “crimen nutricional”, y hasta diría que es algo “sano mentalmente”, pero cuando la excepción pasa a ser a regla, aunque sea durante un espacio de tiempo limitado -como son las vacaciones de verano- las cosas se complican. Volvemos entonces del verano con sensación de pesadez, los pantalones que nos sentaban divinamente, ya nos aprietan y llegamos a trabajar con cierta sensación de tener que empezar de nuevo pues hemos perdido ese “estar en forma” que tanto nos ha costado conseguir.¿Se puede estar de vacaciones y seguir llevando un estilo de vida saludable?

Estar de vacaciones y comer fuera de casa no tiene porqué ser sinónimo de comer y beber el triple de lo habitual. Por eso hoy os quiero dejar algunos pequeños truquitos y consejos que harán que disfrutéis más de vuestros días de verano y que podáis disfrutar de esos pequeños caprichos sin que tengan graves consecuencias en vuestra forma física y vuestra salud. Allá van:

1. Procura seguir las mismas pautas que en tu vida diaria normal; si en tu casa acostumbras a desayunar un té o café, algo de fruta y tostadas o cereales ¿qué sentido tiene lanzarte al bufet libre del hotel y llenarte el plato como si no hubieses comido nunca? Siempre encontrarás opciones saludables; frutas frescas, zumos, jamón york o pavo, tostadas integrales, yogures, aceite de oliva… Deja pasteles, tartas, etc. para el último día o tómalas como algo excepcional.

2. Hidrátate a lo largo de todo el día con agua, tés fríos o agua de limón. Si pasas mucho tiempo en el campo o en la playa, llévate un poco de fruta fresca que te ayudará a mantener el apetito a raya y te aportarán muchas vitaminas y antioxidantes.

3. Si acostumbras a tomar una ensalada o verdura acompañada de una carne o un pescado, elige ese tipo de alimentos en el menú del restaurante o en el bufet libre del hotel. Siempre hay opciones frescas y ligeras en cualquier carta. Deja los platos más suculentos y calóricos para las ocasiones especiales.

4. Si no puedes renunciar al aperitivo, aplica la mesura; tómate una cerveza o cola-cola pero no tres, pica alguna patata, pero no te tomes un bol entero. Y elige aquellos alimentos más bajos en grasas y calorías; unos pepinillos en vinagre, mejillones o berberechos al natural, boquerones en vinagre, etc.

5. Empieza cada comida con un buen plato de ensalada o un bol de gazpacho. Son muy refrescantes, te aportan muchos nutrientes (vitaminas, minerales, fibra) y te calmarán el apetito. Continúa con pescados de la zona a la brasa o a la plancha. Si vas te tapeo o raciones, unas sardinas, gambas o sepia a la plancha son excelentes opciones. Si estás en zona de interior opta por carnes a la brasa o al horno y deja en el plato toda la grasa visible. Puedes tomar un poco de pan o colines, pero si en casa sólo tomas un pequeño trozo, no hay razón para tomar el bollo de pan entero que ponen en los restaurantes.

6. Evita que la norma sea tomar postres muy calóricos. Una ración de tarta, profiteroles o creps de chocolate, pueden disparar el contenido calórico de tu comida y no te aportan apenas nutrientes (más allá de azúcar y grasa, claro). Opta mejor por fruta o un sorbete.

7. Evita que el paseo de por la tarde sea sinónimo de tomar el helado, el gofre de chocolate o el bollo delicioso de tu pueblo. Está claro que uno de vez en cuando no va hacerte ningún daño. Es más bien la medida y la frecuencia con la que haces las cosas lo que determinará el efecto que tengan en tu salud.

8. Si un día te has pasado demasiado en la comida, haz una cena ligera a base de fruta fresca (una o dos piezas nada más) y un yogur desnatado. Te ayudará a compensar los excesos del mediodía.

9. Y por último ¡muévete! Las vacaciones son el momento perfecto para disfrutar de los deportes al aire libre, de los largos paseos por el borde del mar o de una travesía por a montaña. Si haces ejercicio, además de oxigenarte, mover tus músculos, liberar endorfinas y tonificar tu cuerpo y tu mente, estarás gastando la energía extra que te aportan esos caprichos extra.

Y no olvides que cuidarte debe de ser un placer. Hay que cambiar el chip y pensar que cada vez que elegimos una fruta fresca en lugar de un bollo o tarta llenos de grasas saturadas, un plato de ensalada o pasta aliñada con aceite, en lugar de uno con salsas de nata pesadas y cargadas de grasas saturadas, o una pescado a la brasa en lugar de una fritura, estamos haciendo un gesto de mimo y respeto por nuestro cuerpo; ese templo que nos tiene que dudar toda la vida, lleno de vitalidad y salud. Y cuando toca hacer una excepción, pues se hace, se disfruta y vuelta a la normalidad, que tampoco es bueno obsesionarse demasiado.

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