Mens sana in corpore sano

Que cada día cuente

No nos damos cuenta de lo que vale un día corriente, hasta que vivimos unos cuantos difíciles.

Hay un momento en tu vida, un acontecimiento concreto, que te despierta; te hace pasar del mundo cálido y seguro que nos acoge generalmente en la niñez, a otro mucho más duro, tan hermoso y apasionante como cruel e injusto.  

Tras varios de esos días difíciles, no recuerdo con exactitud en que momento concreto, empecé a darme cuenta de de que iba esto de vivir , de que es duro, que la incertidumbre nos acompañará siempre, que por el camino vamos perdiendo gente a la que amamos y con cada uno de ellos un trozo de nosotros mismos y de la inocencia de niño. 

Decidí entonces esforzarme por valorar lo importante, por intentar no pelear con la gente a la que quiero, evitar conflictos,  intentar ser amable con todos, querer a mi familia, ser buena amiga de mis amigos, disfrutar que hoy estamos todos bien y sobretodo, perder los menos minutos posibles de buen humor por cosas de las que después ni te acuerdas.

Intento aplicarlo y cuando me lo salto … intento arreglarlo. Una llamada, un abrazo, una sonrisa , un “lo siento” o un “te quiero” son buenas ayudas. Y el miedo (ese compañero de travesía contra el que luchamos para seguir adelante) reconozco que ha hecho parte del trabajo, pero no debería ser él quien nos guía.

Espero que la mayoría de vosotros os sigáis sintiendo seguros y tranquilos porque la vida no os haya dado demasiados disgustos. Pero aun así, os aconsejo que no perdáis ni un segundo discutiendo por cosas poco importantes, no os dejéis ningún “te quiero” en el tintero e intentar cada día tener momentos que hagan que el día cuente. Si tienes un sueño, síguelo, lucha por él; si te enamoras, déjate llevar y sobretodo díselo; re-aprende a disfrutar de las cosas sencillas e intenta no pasar demasiado tiempo enfadado u ofendido… es realmente tiempo perdido. 

Quizás esto suene a tópico, pero a pesar de que nos parece obvio, lo olvidamos con facilidad y sólo volvemos a recordarlo cuando recibimos otro golpe de esto tan maravilloso y a la vez tan difícil que llamamos vida. 

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