Mens sana in corpore sano

Mi hijo es… Superman

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Esther, maestra, blogger y amiga ha respondido a una inquietud que casi todas las madres y padres tenemos en algún momento.

¿Extraescolares? ¿Si? ¿No? ¿Cuantas? . Comparto su texto con vosotr@s, seguro que os aclara dudas. Gracias Esther.

Lunes de 5 a 7 natación (dicen que les va muy bien hacerlo de pequeños porque ayuda en la independencia y autoconfianza del niño). Martes y jueves de 5,30 a 6,30 inglés (porque está claro que cuanto más pequeños empiecen más facilidad de absorber y dominar un nuevo idioma). Miércoles música (ya que ayuda al desarrollo intelectual, auditivo y sensorial y mejora el habla).Viernes yoga (porque claro, así estarán más relajados, canalizaran su energía y mejoraran su atención y concentración) y sábado por la mañana taller de manualidades (porque les ayuda a desarrollar la creatividad y a expresarse libremente, mejorando su autoestima).

¿Y el domingo? ¿Seguro que no hay alguna actividad que podamos buscar? ¿Alguna que pueda aportar algo al niño? Porque tenemos que aprovechar que ahora es pequeño y le gusta todo, y es cuando más fácil aprenden. ¿A lo mejor podemos organizar algo con los amigos del colegio, para que se relacionen, no?

No es necesario. De verdad. Los niños necesitan espacio, necesitan tiempo, necesitan aprender más de lo que nos parece del hecho de “aburrirse”. Mi padre siempre me ha dicho, “aburrirse es bueno, inténtalo”. De esos momentos nacen las mejores ideas, surge la creatividad, los pensamientos más impensables, las historias más increíbles, los sentimientos más puros. Es cuando realmente los niños aprenden a estar con ellos mismos, a respetarse, a quererse y a mirarse con detenimiento, sin nada que les distraiga.

Todas las actividades extraescolares que se proponen en las escuelas son realmente positivas y contribuyen en un sentido o en otro al desarrollo del niño. Aun así, el “ansia” de querer ofrecer “lo mejor” a los hijos hace que muchas veces los sobresaturemos, los agotemos y dejemos de escuchar lo que realmente necesitan. Lo más probable, si no tenemos un hijo que es Superman, es que lo que realmente quiera después de un día durísimo de colegio (sinceramente es agotador ir cada día al colegio) sea ir a casa a descansar o a jugar, o pasear con los abuelos o simplemente ir un rato al parque con sus amigos a correr sin control y de forma alocada. Dejémoslos. Démosles el tiempo. Observemos sus caras. Felicidad en estado máximo.

Así que, entre todos, intentemos que las actividades extraescolares no se conviertan en actividades “estrés-colares”, sino que sean las adecuadas a las necesidades y al ritmo de cada niño. De esta forma serán un refuerzo positivo al desarrollo del niño.

Esther

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