Mens sana in corpore sano

Los beneficios de respirar bien

La respiración es la función corporal más importante de todas, pues sin ella moriríamos en pocos minutos. Paradójicamente, no pensamos demasiado en ella y, de hecho, la subestimamos. Esto se debe a que respirar es una acción que, de forma natural, llevamos a cabo desde el mismo momento en que nacemos.

A diferencia de la ingesta de alimentos, que también cumple un rol fundamental en nuestra supervivencia y sí recibe grandes dosis de análisis y literatura, la respiración es una actriz de reparto en el escenario de nuestras prioridades diarias.

Para cambiar este patrón en nuestra vida basta con pensar, por ejemplo, en la relación directa que existe entre la frecuencia respiratoria del ser humano y las variaciones en sus estados de ánimo. Es decir, cuando estamos con la atención bien enfocada en una situación de estudio intelectual, una actividad creativa o cualquier acción delicada, automáticamente respiramos con lentitud y, por consiguiente, tenemos mayor calma.

Por el contrario, las respiraciones rápidas y arrítmicas están generalmente acompañadas por estados emocionales relacionados con la inquietud. A este respecto, los antiguos sabios de la India sostienen que cuanto más lento respiremos más tiempo viviremos. De hecho, animales conocidos por su longevidad como los reptiles poseen una frecuencia respiratoria mucho menor que la del ser humano, que de media respira unas 18 veces por minuto.

Lo que sucede al aumentar la velocidad de la respiración (ya sea por emociones, ejercicio o esfuerzo físico), es que respiramos de forma superficial. Es decir, respiramos únicamente con la zona superior del pecho, dejando incompleto el proceso de respiración y, por ende, obstaculizando la mejora de nuestra salud física y mental.

Los pulmones del ser humano son más anchos en la parte inferior que en la superior, por tanto necesitan más oxígeno en dicha primera área. O sea, debemos priorizar la respiración abdominal por sobre la respiración clavicular, que es la que sucede en la zona alta del pecho.

Sin tratarse de un complejo ejercicio, la llamada respiración completa es la forma más sana de respirar y se puede hacer en todo momento del día, incluyendo actividades físicas, ya que no por estar en movimiento debemos desentendernos de nuestro modo de respirar.

Para realizarla, simplemente se empieza inhalando y llenando la parte inferior de los pulmones en la zona del abdomen, siguiendo por las costillas que se expanden lateralmente,  luego la zona media del torso donde se encuentra el plexo solar, hasta que el oxígeno llega al pecho y a la garganta. Al exhalar el orden es inverso, comenzando de arriba hacia abajo.

Para que la respiración sea fructífera debe ser suave y continua, para nada forzada ni entrecortada. Idealmente, no se nos debe inflar el pecho ni subir los hombros, sino que la sensación de expansión debe ser más bien interna que visible desde fuera.

Indra Devi, la gran maestra y primera dama del yoga, dice que  “la respiración es el factor más importante del proceso relajador”. Por tanto, si quieres llevar la vida con más calma y armonía ya sabes por donde empezar.

Naren

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