Mens sana in corpore sano

Estoy deprimido y no tengo por qué avengorzarme

A man is seated on the bed in a bedroom.  He has his head in his hands and is looking away from the camera.  Horizontally framed shot.

No se si vosotros habéis oído alguna vez comentarios en los que se “culpa” de la depresión a la persona que la padece o incluso se deja entrever que en realidad es más una debilidad de esa persona que un problema. La persona que hace el comentario tiene altas posibilidades de cambiar de opinión, puesto que es muy probable que el/ella o alguien muy cercano la acaben padeciendo y se dará cuenta así de lo injusto de su comentario.

La depresión es una enfermedad, y  una enfermedad muy dolorosa porque además de sus propios síntomas lleva asociada el gran mal de nuestra sociedad: la culpa.

La persona que padece  depresión se enfrenta a la sensación de que el problema es ella, que está fallando, que es más débil que sus compañeros de trabajo, que supone una carga para su familia, cosas que no se plantearía si en vez de una depresión lo que sufriera fuera un asma o una gripe;  asumiría que está enferma, que tiene que cuidarse y curarse y que hay cosas que puede hacer y otras que no.

El primer paso es ser consciente uno mismo de que lo que se padece es una enfermedad no una opción personal o una falta de “echarle ganas”, a partir de ahí tener a alguien del entorno cercano que  apoye a la persona  y no le deje caer en la culpa y  otorge a lo que sucede la importancia que se merece sin caer en la trivialización o por el contrario en la sobreprotección, es una gran ayuda.

El segundo es ponerse manos a la obra, visitar al médico de cabecera  y empezar un tratamiento que puede ser terapia psicológica o farmacológica. Y hacerlo con la misma actitud que con cualquier otro problema de salud que  surgiera:  siguiendo a rajatabla las indicaciones del médico. Cuando se está un poco mejor, es recomendable dedicar un tiempo al autoanálisis (solo o con ayuda de un psicologo), plantearse qué se puede cambiar para ayudar aprevenir que se repita el episodio: dejar algo a lo que se está apegado y que no te beneficia, incorporar hábitos como la meditación, el deporte si no lo practicas y cuidarte en todos los aspectos (dieta adecuada,  descanso adecuado…).

Algunos datos a tener en cuenta sobre la depresión

  • Los números hablan por sí solos:  al menos una de cada seis mujeres y uno de cada once hombres sufrirán depresión en algún momento de su vida. Si eres mujer tienes casi el doble de posibilidades de desarrollarla (16,5%) que si eres hombre (8,9%) . Un 4% de la población la padece cada año.
  • En estudios españoles, como el estudio SCREEN, los trastornos depresivos se encontrarían en cerca del 20% de los pacientes atendidos en Atención Primaria.
  • Las causas de la depresión son múltiples: la genética, factores fisiológicos como el déficit de serotonina, determinadas enfermedades que favorecen su aparición, factores hormonales y elementos socio ambientales (estrés laboral, soledad, etc).
  • Diferentes trabajos publicados cifran en un 50% los trastornos depresivos que no reciben tratamiento o no el adecuado (psicofármacos o psicoterapia o combinación). Hasta el 43% de los pacientes abandona el tratamiento y otro porcentaje importante no lo cumple como le ha sido prescrito.
  • Los datos señalan que cada episodio depresivo incrementa la probabilidad de una recaída posterior. Aproximadamente, un 60% de los pacientes que ha sufrido un episodio depresivo presenta al menos una recurrencia a lo largo de su vida.

El objetivo de este artículo, es que seamos conscientes de que la depresión es una enfermedad que puede afectar a muchos de nosotros, que no debemos sentirnos culpables porque no nos hace ni peores ni mejores personas, las causas son ajenas a nuestra voluntad y que debemos pedir ayuda en cuanto detectemos que lo que nos sucede puede ser una depresión, tratarnos y seguir las indicaciones de nuestro médico dándole la importancia que requiere.

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